Fray Agustín Dávila Padilla y Tepetlaoxtoc



 

Por José Omar Tinajero Morales

Cronista Municipal de Tepetlaoxtoc


El cronista dominico de la Provincia de Santiago de México, más famoso, sin lugar a dudas es fray Agustín Dávila Padilla, quien visitó Tepetlaoxtoc en la Navidad de 1591 y nos dejó información valiosa del eremitorio en su obra Historia de la fundación y discurso de la Provincia de Santiago de México que fue publicada en Madrid en 1592 y en Bruselas en 1625.

Hacemos la transcripción modernizada de tan importante documento: 

Davila…

,Historia de la provincia..

p. 47

“Para mejor acudir a todo esto hizo el santo un convento devoción en Tepetlaoztoc, siete leguas de México, dedicado a su devota la santa Magdalena: y en medio de la huerta que el plantó hizo un oratorio devotísimo: y en medio de la huerta que él plantó hizo un oratorio rodeado de altos cipreses, que le oscurecen algo, y lo hacen más devoto. Tiene luego entrando un claustríco pequeño de seis pies de ancho, y en medio del un huertecito de doce pies en cuadro, todo angosto y recogido, representando el encogimiento y recogimiento que el alma debe tener con Dios. De este claustríco se pasa a una capilla pequeña, que a la mano izquierda tiene un altar con una imagen del crucifijo, y Nuestra Señora, y san Juan, y a la derecha esta una celdilla. tan chica que apenas cabe en ella más de la tabla en que el santo dormía, sin más abrigo que el que ahora tiene desnuda. Yo visité aquella santa ermita este año pasado, y dije misa la pascua de Navidad en aquel altar, donde tantas veces la dijo en santo: y plega al santo de los santos, que toda mi vida y en mi muerte tenga yo los afectos y sentimientos que allí tuve.  Sobre aquella tabla se acostaba el santo a prima noche, y se levantaba a la diez, gastando dos horas en oración, hasta que siendo las doce, llamaba a maitines a sus frailes, si los había en casa; si estaba solo, se quedaba con el ordinario acompañamiento que su devoción y atención le hacían y los rezaba delante del santísimo Sacramento, y luego se volvía a reposar un breve rato, gastado todo el resto del tiempo en su oración y meditación. Estas horas de oración guardaba el santo donde quiera que estaba, aunque en particular se regocijaba de verse en este su pueblo, y oratorio recogido. Con ser tan amigo de la soledad, no se mostraba áspero ni severo cuando tenía compañía: antes era muy conversable, llevando siempre sus platicas a edificación, y autorizando las con ejemplos de santos ermitaños y padres antiguos, de que tenía mucha memoria. Referíalos algunas veces en los capítulos y platicas que a sus frailes tenía con santo fervor y devoción, que a ninguno le aparecía que era hombre el que hablaba sino Dios  por él. Obraba muy bien lo que decía, y enseñaba primero con las obras, que con las palabras. Canonizaba lo que decía con lo que hacía. En las pláticas que a sus religiosos hacia persuadía siempre. 





Infografía de fray Agustín Dávila Padilla



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